Error histórico de Cataluña en PISA: ¿Por qué no puede ser una excusa?

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27/07/2026

Cataluña no podrá comparar sus resultados con los de otros territorios ni con los de las ediciones anteriores de PISA. Es una situación grave, excepcional y francamente difícil de entender, que el Departamento de Educación deberá investigar, explicar y corregir.

La muestra específica de Cataluña ha quedado invalidada después de que se excluyera de la prueba a más de un 23% del alumnado seleccionado, muy por encima del margen máximo del 5% que establece la OCDE. La ausencia de una parte tan elevada del alumnado puede distorsionar fuertemente los resultados que se hagan públicos. Una situación inaudita.

La principal consecuencia es que se rompe una serie histórica que permitía observar la evolución de los aprendizajes, comparar Cataluña con otros países y analizar si las distancias aumentaban o se reducían. Mònica Nadal, directora de investigación de Equitat.org, reconoce que perder esta posibilidad impide ver cómo avanzamos o no avanzamos en relación con otros países de nuestro entorno y con nosotros mismos, pero sobre todo “permite entender mejor dónde están los problemas, cómo avanzamos en el logro de estándares internacionales y aprender de otros países que en condiciones similares obtienen resultados diferentes”.

Sabemos qué habrían dicho los resultados de PISA

Como explica Francesc Pedró, director del Anuario de la Educación en Cataluña 2026, PISA 2025 no habría ido bien. “Los resultados tampoco podían ser muy diferentes de los que habían sido tres años atrás. Las tendencias en las evaluaciones de PISA normalmente muestran líneas ascendentes y líneas descendentes, pero no muestran cambios radicales en un ciclo de tres años”. “Si un país está situado en la mediocridad, lo más probable es que tres años después continúe en la mediocridad”.

Ahora bien, no poder compararnos no significa que desconozcamos la situación. Tampoco había motivos para esperar una mejora sustancial respecto a la edición anterior. Pedró recuerda que los resultados educativos no suelen cambiar radicalmente en un periodo de tres años y que, más allá de PISA, las evaluaciones catalanas y estatales ya mostraban “el deterioro progresivo de los aprendizajes de los alumnos”. Su conclusión es clara: “No podíamos esperar muy buenos resultados”.

“Si desde el anterior PISA hasta ahora no hemos hecho nada diferente, no sé qué esperábamos que saliera”

Después de los malos resultados anteriores, de los informes de expertos y de los diagnósticos acumulados, se pregunta: “Si desde el anterior PISA hasta ahora no hemos hecho nada diferente, a pesar de que ha habido otros informes que han señalado dónde estaban las carencias, no sé qué esperábamos que saliera”. El problema, por tanto, no es la falta de información, sino la dificultad para convertirla en prioridades políticas, presupuesto y acción.

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Desde la anterior edición de PISA se han publicado dos grandes informes de expertos y dos anuarios con diagnósticos y propuestas. Pero no ha habido ningún cambio estructural del alcance de los que han permitido a otros países dar la vuelta a sus resultados. Recuperar una participación fiable en las próximas pruebas es imprescindible, pero aún lo es más evitar que esta crisis paralice la agenda de cambios que el país necesita.

No puede ser una excusa para el inmovilismo educativo

Este asunto, pues, no puede convertirse en una excusa para aplazar las decisiones que sabemos que el sistema educativo necesita, más allá de aparecer como corresponde en las pruebas. Porque, aunque esta vez no dispongamos de una fotografía internacionalmente comparable, hace tiempo que sabemos cuáles son los principales problemas de la educación catalana y qué políticas habría que impulsar para afrontarlos. El Anuario de la Educación en Cataluña 2026 detalla varias propuestas.

“Si inviertes más en quienes más lo necesitan, consigues hacer subir la media del país”

La primera prioridad debe ser reformar la financiación de los centros. Un sistema con un alumnado cada vez más diverso y con necesidades más complejas no puede distribuir los recursos principalmente según el número de estudiantes. Hay que financiar de acuerdo con las necesidades y garantizar más docentes, especialistas y profesionales de apoyo en los centros que concentran una mayor vulnerabilidad. Francesc Pedró lo resumía así en esta entrevista en el Diari ARA: “Si inviertes más en quienes más lo necesitan, consigues hacer subir la media del país”. Hasta ahora, añade, una parte importante de la insuficiencia de recursos se ha compensado con “la dedicación y el voluntarismo de los docentes”, una situación que no es sostenible.

La segunda prioridad es apostar decididamente por la educación primaria. Mejorar los resultados a los quince años exige intervenir mucho antes, garantizando que todo el alumnado llegue a secundaria con las competencias básicas consolidadas. Esto implica detectar las dificultades de manera precoz, atender mejor los diferentes ritmos de aprendizaje y reforzar los equipos con educadores, psicopedagogos, integradores sociales y otros perfiles profesionales.

La tercera es proteger la continuidad de las trayectorias educativas. El sistema debe evitar que las dificultades acumuladas durante la primaria se conviertan en desconexión, repetición o abandono en la secundaria. Para conseguirlo, hay que estabilizar los equipos de los centros vulnerables, reforzar el acompañamiento del alumnado y mejorar la coordinación entre etapas.

“Podemos pasar sin PISA, pero no podemos pasar ni un día más sin poner en marcha las políticas que hacen falta”

También hay que repensar la evaluación para que sea una herramienta de mejora y no una nueva fuente de presión. Un doble estudio reciente de Equitat.org, Mejora educativa en entornos vulnerables y Escuelas y profesorado ante la autonomía de centro, basado en una encuesta a 852 docentes y 68 entrevistas en profundidad, propone reducir la carga lectiva, aumentar el personal administrativo, incentivar la formación, impulsar redes de aprendizaje, reforzar el apoyo de la inspección y distribuir los recursos según las necesidades de los centros.

Nadal lo sintetiza con contundencia: “Podemos pasar sin PISA, pero no podemos pasar ni un día más sin poner en marcha las políticas que hacen falta”. Cataluña necesita saber qué ha fallado en la aplicación de la prueba y garantizar que no vuelva a ocurrir. Pero no necesita esperar una nueva clasificación internacional para empezar a actuar. Los problemas están diagnosticados y las principales soluciones también. El reto es asumir que no decidir tiene consecuencias: más desigualdad, más dificultades para recuperar los aprendizajes y un sistema educativo de menor calidad. Y, como concluye la directora de investigación de Equitat.org Mònica Nadal en este artículo del Diari de l’Educació, la educación pública es un bien esencial demasiado preciado como para dejar que crezca la desconfianza y todo lo que se lleva por delante.

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