¿Qué es el informe PISA y para qué sirve?
El informe PISA es una de las principales fuentes de información para entender los aprendizajes del alumnado y comparar la evolución de los sistemas educativos entre países. En Equitat.org consideramos que PISA es una fuente de información valiosa y difícilmente sustituible para entender cómo está funcionando el sistema educativo y obtener una mirada desde fuera, compararlo y aprender de otros países.
Ahora bien, PISA no es una medida global de la calidad educativa, no explica por sí sola por qué ocurren las cosas y se hace un uso simplista de PISA cuando se convierte en un ranking o en el veredicto sobre un sistema.
Una prueba no puede resumir la calidad de la educación, ni las políticas deben gobernarse a golpe de indicador. Pero PISA es una herramienta muy interesante porque, si queremos mejorar los aprendizajes y reducir las desigualdades, necesitamos saber qué está pasando, con quién y cómo evoluciona a lo largo del tiempo.
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Por eso, es una mala noticia que los resultados del informe PISA 2025 de Cataluña no sean representativos y no se puedan extraer comparativas ni aprendizajes: “Guste más o menos PISA, es grave, inaudito y una mala noticia romper una serie histórica que permitía observar la evolución de los aprendizajes del alumnado catalán en comparación con otros países y con ella misma» afirma Mònica Nadal, directora de investigación de la fundación Equitat.org.
Cinco razones por las que PISA es importante
- Nos permite saber qué están aprendiendo los jóvenes.
PISA aporta una medida externa y comparable sobre competencias básicas como la lectura, las matemáticas o las ciencias. No explica todo, pero nos ayuda a saber si una parte esencial de la misión educativa se está cumpliendo. - Permite ver la evolución, no sólo tomar una fotografía.
La serie histórica es especialmente valiosa: nos ayuda a detectar deterioros, mejoras o problemas persistentes y evitar que el debate educativo dependa sólo de percepciones o impresiones. - Nos permite compararnos y aprender de otros sistemas.
La comparación internacional es útil no para construir rankings, sino para preguntarnos por qué sistemas con similares dificultades obtienen resultados diferentes. Comparar ayuda a distinguir lo inevitable y lo que puede cambiar con políticas diferentes. - Nos interesa especialmente porque permite observar las desigualdades.
Para Equitat.org, tan importante como la media es saber quién queda atrás: hasta qué punto los aprendizajes y el éxito educativo dependen del origen social, del género, del origen migratorio o del centro en el que se escolariza al alumnado. PISA es especialmente útil cuando deja de ser un ranking y se convierte en una herramienta para mirar la distribución de las oportunidades educativas. - Los datos permiten exigir mejores políticas.
Cuando sabemos dónde se concentran las dificultades podemos argumentar mejor la necesidad de inversión, de mayor apoyo al profesorado, de recursos adicionales a los centros complejos o de políticas específicas para reforzar los aprendizajes.
Los datos no nos dicen lo que debemos hacer, pero nos impiden hacer ver que no pasa nada.
Cinco cautelas a tener presentes con PISA
- PISA no es sinónimo de calidad educativa.
Mide dimensiones muy importantes, pero no todo el trabajo de la escuela. La inclusión, la convivencia, el bienestar, la educación artística, la ciudadanía o otras muchas dimensiones no pueden quedar reducidas a una puntuación. - El ranking es uno de los usos menos interesantes de PISA.
Saber si Cataluña ocupa una posición más arriba o más abajo aporta mucho menos que entender la magnitud de los problemas, su evolución y diferencias entre grupos de alumnos. - PISA describe mejor de lo que explica.
Puede mostrar asociaciones entre resultados y características del alumnado, centros o sistemas educativos. Pero no permite atribuir automáticamente una bajada o mejora a una reforma, una metodología o una política concreta. - Una prueba muestral no sirve para juzgar a centros, docentes o alumnos concretos.
PISA es una herramienta para el análisis de sistemas educativos. Utilizarla para responsabilizar al profesorado, simplificar la realidad de los centros o atribuir culpables es un mal uso de los datos. - No todo lo que es importante se puede medir, y no todo lo que se mide debe convertirse en objetivo.
El riesgo aparece cuando mejorar PISA se convierte en la finalidad de la política educativa. El objetivo debe ser mejorar los aprendizajes, la equidad y las oportunidades de los alumnos; PISA es una de las herramientas que nos permite saber si avanzamos.
La educación no se gobierna con datos, pero no puede ignorarlos
La valoración desde Equitat.org es que no se trata de estar a favor o en contra de PISA. Las críticas a la estandarización, a los rankings o a una concepción excesivamente estrecha de la calidad educativa son necesarias. Pero estas cautelas no deberían llevarnos a renunciar a saber lo que está pasando.
La educación no se gobierna con datos. Se gobierna con política educativa, conocimiento profesional y decisiones colectivas. Pero una buena política educativa no puede permitirse ignorar los datos.
Por eso, para Equitat.org, PISA es una herramienta importante pero no un veredicto: es necesario mirarla, interpretarla con rigor, contrastarla con otras evidencias y con la realidad de las aulas, y utilizarla sobre todo para identificar desigualdades y orientar una respuesta pública más ambiciosa.
No queremos gobernar la educación con PISA. Queremos que las políticas educativas no se hagan de espaldas a lo que sabemos, especialmente cuando los datos nos muestran quién está quedando atrás y dónde es necesario poner más recursos y más apoyo.


