Fomentar el hábito lector desde la infancia es una de las decisiones educativas con mayor impacto a largo plazo. La lectura no sólo mejora la comprensión lectora, sino que también favorece el éxito educativo, amplía el vocabulario, estimula la creatividad y ayuda a los niños a aprender con mayor autonomía a lo largo de toda la vida.
Ahora bien, conseguir que un niño disfrute leyendo no depende de imponer libros ni de fijar un número determinado de páginas todos los días. La investigación sobre motivación lectora y la experiencia del programa LECXIT muestran que el gusto por la lectura se construye progresivamente, gracias al entorno familiar, el ejemplo de las personas adultas y experiencias positivas en torno a los libros.
La buena noticia es que no existen fórmulas mágicas. Sí que hay estrategias que funcionan y que pueden ayudar a crear un ambiente donde leer se convierta en una actividad natural y placentera.
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¿Por qué es tan importante crear el hábito lector?
El índice de lectura mantiene una relación directa con el rendimiento escolar. Los niños que leen habitualmente suelen desarrollar una mejor comprensión lectora, una mayor capacidad de concentración y una mayor facilidad para aprender en todas las áreas del conocimiento.
Pero los beneficios van mucho más allá de la escuela. Leer ayuda a comprender el mundo, desarrollar el pensamiento crítico, estimular la imaginación, ampliar la cultura y construir una mirada propia sobre la realidad.
Por eso, promover la lectura no es sólo una manera de mejorar los resultados académicos, sino también una apuesta por ampliar las oportunidades educativas de los niños y niñas.
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No obligues a leer: despierta la curiosidad
Uno de los errores más frecuentes es convertir la lectura en una obligación.
Los niños difícilmente desarrollan el gusto por leer si asocian los libros con una imposición o un castigo. La motivación aparece cuando descubren historias que les emocionan, les hacen reír o conectan con sus intereses.
En lugar de decir «debes leer», es mucho más efectivo recomendar un libro con entusiasmo, explicar por qué puede gustarles o dejar que sean ellos mismos quienes descubran nuevas lecturas. La curiosidad es siempre más poderosa que la obligación.
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Da ejemplo: los niños y niñas leen cuando ven leer
Las familias son el principal referente lector de los niños y niñas.
No hace falta ser un gran lector para transmitir el valor de la lectura. Basta con que los niños y niñas vean que en casa se leen libros, revistas, periódicos, cómics, recetas o cualquier otro tipo de texto.
Cuando la lectura forma parte de la vida cotidiana, los niños entienden que leer no es sólo una actividad escolar, sino una forma de aprender, informarse y disfrutar.
Compartir lo que leemos o comentar una noticia también contribuye a crear conversaciones en torno a los libros.
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Elige libros que conecten con sus intereses
No existe un libro ideal para todos. Cada niño o niña tiene intereses, inquietudes y ritmos distintos. Por eso es importante escoger lecturas que conecten con lo que les despierta la curiosidad.
Antes de recomendar un libro, puede ser útil preguntarse:
- ¿Qué le gusta?
- ¿Qué temas le apasionan?
- ¿Qué personajes le atraen?
- ¿Qué momento vital está viviendo?
Las aventuras, el misterio, el humor, la fantasía, los cómics, los libros de divulgación o los deportes pueden ser excelentes puertas de entrada a la lectura.
Lo importante no es que el libro guste al adulto, sino que entusiasme al niño o niña.
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Haz que los libros estén presentes en casa
Los libros deben formar parte del paisaje cotidiano. Dejarlos visibles en distintos espacios de la casa, tener cómics o revistas al alcance, regalar libros en ocasiones especiales o hablar de lecturas con naturalidad ayuda a integrar la lectura en el día a día.
También es muy recomendable visitar regularmente la biblioteca. Además del préstamo gratuito de libros, las bibliotecas ofrecen horas del cuento, clubs de lectura, encuentros con autores y muchas actividades que convierten a la lectura en una experiencia compartida.
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Lee con los niños y niñas y conversa sobre lo que leen
Compartir la lectura refuerza el vínculo familiar y aumenta su motivación. No se trata de examinarlos ni hacer preguntas escolares, sino conversar.
Preguntar qué personaje les gusta más, qué les ha sorprendido o qué habrían hecho ellos en esa situación ayuda a mejorar la comprensión lectora y hace que leer sea una experiencia compartida.
También es muy enriquecedor leer en voz alta, alternar los papeles o pedirles que nos cuenten una historia.
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Convierte la lectura en una experiencia divertida
Leer también puede ser jugar. Inventar historias, escribir pequeños cuentos, jugar con palabras, hacer adivinanzas o practicar la lectura en voz alta son actividades que refuerzan el vínculo con los libros sin que los niños y niñas lo vivan como tarea escolar.
Su objetivo es asociar la lectura con emociones positivas. Cuando leer significa compartir, jugar y descubrir, es mucho más probable que ese hábito se consolide.
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Ten paciencia y busca complicidades
No existen recetas milagrosas para crear lectores. Fomentar el hábito lector es un proceso que requiere confianza, paciencia, constancia y tiempo.
También es importante sumar a otros referentes: maestros, bibliotecarios, familiares, personas voluntarias o cualquier adulto que pueda transmitir el placer de leer.
Precisamente éste es el modelo que impulsa LECXIT, un programa que acompaña a niños con dificultades para consolidar el hábito lector mediante sesiones semanales de lectura compartida con personas voluntarias. Actualmente cuenta con una red de más de 300 espacios LECXIT en 150 municipios, donde más de 2.000 voluntarios y voluntarias acompañan a los niños y niñas para que la lectura se convierta en una experiencia motivadora y les ayude a mejorar la comprensión lectora.
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Crear lectores es crear oportunidades
Promover el hábito lector no consiste en conseguir que los niños y niñas lean más páginas, sino en ayudarles a descubrir que leer puede ser una fuente de disfrute, conocimiento y crecimiento personal.
Cuando la lectura forma parte de la vida familiar, los libros dejan de ser una obligación escolar para convertirse en puerta abierta a nuevas experiencias y aprendizajes.
Porque leer es mucho más que una habilidad académica: es una herramienta esencial para comprender el mundo, aprender a lo largo de la vida y construir trayectorias educativas más sólidas. Fomentar el gusto por la lectura desde pequeños es, también, una forma de garantizar más oportunidades y una educación más equitativa para todos los niños y niñas.

Sergio Cabanelas